Hotel Villas del Caribe

Los días en Villas del Caribe se pueden caracterizar por su tranquilidad y transcurren, más o menos, de la siguiente manera:

Usted se despierta con el canto de las aves trinando afuera de su ventana. Abre los ojos y desde su cama puede ver las hojas plateadas de las palmeras y el cristalino azul turquesa del mar. Entonces se levanta y abre las puertas corredizas que abren hacia su terraza y se recuesta en la hamaca mientras su cuerpo se termina de despertar. Refrescado por la brisa marina, usted decide que es hora de ir a darse un chapuzón en la piscina y tal vez disfrutar de un masaje en nuestro jacuzzi elevado con techo de paja.

Eventualmente, el llamado del mar se vuelve irresistible y usted decide aventurarse a través de los jardines floridos hasta llegar al camino de la playa. Ahí se encuentra dos opciones: a la izquierda una playa amplia con arenas prístinas y doradas, mientras que a la derecha se encuentran una serie de playas pequeñas y acogedoras, también con arenas prístinas y doradas. Finalmente se decide por una de las lagunas naturales y arenosas de poca profundidad formadas por el coral justo al frente del Hotel. El agua juega entre sus piernas mientras observa como los peces tropicales nadan alrededor suyo.

Después de un baño de agua fresca en su terraza usted decide dirigirse hacia el restaurante SeaSide por el desayuno o simplemente un bocadillo. Luego toma una bicicleta y comienza a pedalear por las calles niveladas y pavimentadas de la zona, pasando por campos, bosques, unos cuantos restaurantes y bares con techo de paja, hasta llegar a Puerto Viejo en busca de un café, una cerveza o una bebida así como las últimas noticias locales y buen pescado fresco en algún lugar frente al mar.

El resto del día se lo pasa alternando entre el mar y la playa, las sillas de playa en la terraza y las hamacas en el balcón.